Para nadie es secreto que la caída de la fábrica de Iturbe representa un duro golpe para la economía de la zona. Todos hacemos un análisis superficial “corá ari guive” de la situación. El cierre de la fábrica representó dejar a la comunidad de Iturbe sin su principal motor económico, llevando a la comunidad entera a un estado de angustia y por qué no, hasta tristeza.
La incertidumbre generada a partir del cierre de la fábrica ha despertado algunas pasiones, promesas políticas, figuretismos y muchos preocupados por el futuro de sus familias. Hace poco una compañera de la universidad me mencionaba que la situación estaba tan mal que la gente se iba a pedir panificados a las despensas por valor de 500 guaraníes.
Tresmil productores, se quedaron sin mercado, y con el posible remate de los bienes de la empresa, se quedarán sin su principal fuente de ingresos, esto a consecuencia de una pésima administración por parte de los propietarios, la falta de una política de producción adecuada por parte del estado, y el consumo masivo y privilegiado de los productos de contrabando que acuchillan y asfixian a la industria nacional.
Detrás de la fábrica, una gran cantidad de hogares se queda sin esperanzas, con la mirada puesta en el horizonte donde tal vez, puedan encontrar un mejor futuro. Como siempre, la piola ipo`ivehapemante oso. Y una vez más son los productores, detrás de ellos sus familias, los almacenes, despensas, negocios los que sufren las consecuencias a un problema cuya solución parece estar cada vez más lejos.
Mientras pasamos una mirada por el campo, podemos ver sendos cultivos de caña que saludan al astro rey en un abaniqueo de hojas, en ellas se encuentran las ilusiones de los pobladores de Iturbe, quienes esperan pacientemente que nuestras autoridades encuentren solución alguna para la situación desastrosa que viene a engrosar el porcentaje de pobreza del Paraguay, pero principalmente del Guaira.
La incertidumbre generada a partir del cierre de la fábrica ha despertado algunas pasiones, promesas políticas, figuretismos y muchos preocupados por el futuro de sus familias. Hace poco una compañera de la universidad me mencionaba que la situación estaba tan mal que la gente se iba a pedir panificados a las despensas por valor de 500 guaraníes.
Tresmil productores, se quedaron sin mercado, y con el posible remate de los bienes de la empresa, se quedarán sin su principal fuente de ingresos, esto a consecuencia de una pésima administración por parte de los propietarios, la falta de una política de producción adecuada por parte del estado, y el consumo masivo y privilegiado de los productos de contrabando que acuchillan y asfixian a la industria nacional.
Detrás de la fábrica, una gran cantidad de hogares se queda sin esperanzas, con la mirada puesta en el horizonte donde tal vez, puedan encontrar un mejor futuro. Como siempre, la piola ipo`ivehapemante oso. Y una vez más son los productores, detrás de ellos sus familias, los almacenes, despensas, negocios los que sufren las consecuencias a un problema cuya solución parece estar cada vez más lejos.
Mientras pasamos una mirada por el campo, podemos ver sendos cultivos de caña que saludan al astro rey en un abaniqueo de hojas, en ellas se encuentran las ilusiones de los pobladores de Iturbe, quienes esperan pacientemente que nuestras autoridades encuentren solución alguna para la situación desastrosa que viene a engrosar el porcentaje de pobreza del Paraguay, pero principalmente del Guaira.
No hay comentarios:
Publicar un comentario