Silenciosa
y yerta, casi sin vida… estática, la quietud del mundo se hacía uno con la de
ella, y siempre estaba allí;
Arrogante,
altiva, con un sinfín de historias sin contar, siempre mirando fijamente en un
mismo lugar, mientras los días pasaban entre risas de extraños, personas que casi
corrían al encuentro de sus propias monotonías, presos de la libertad tan
anhelada, antítesis llorosa de la felicidad.
Pero ella simplemente estaba allí, sin decir u
opinar nada, sin apoyar ni contradecir, escuchando el suplicar de aquella,
juvenil pareja que se despedía una mañana de abril, o aquellas alegres risas,
de los niños de primer grado que fueron
convirtiéndose en adolecentes en el casi imperceptible pasar de los días.
Aquellos
plantines de la primavera, que tres años atrás habían traído de quien sabe
donde, eran ya arbustos, las flores habían florecido y marchitádose una y otra
vez en el cíclico pasar de meses y estaciones. Su blanco vestido se había
tornado un tanto verdoso con el pasar de los años, su mirada añejada que
siempre con ansia buscaba a la luna, parecía reflejar cada vez mas la nostalgia
a veces tan humana, y otras veces, tan
divina…,
La
lluvia se había encargado de carcomer parte de su estructura, cual lepra en la
carne, empero, ella seguía allí, tan presente como el primer día.
Las
aves que se habían marchado hace unos meses antes del invierno, invadían de
nuevo la plaza con su bullicio, y quizás solo ella, con su observadora
presencia, podía darse cuenta que aquel petirrojo faltaba, o que las avecillas
del cocotero no eran las mismas del año
pasado.
Mientras,
yo la observaba con tanta curiosidad,
ella con un aura casi imperceptible parecía contarme todo cuanto había visto,
desde aquel borracho dormido en las bancas, o el niño nativo pidiendo monedas, los enamorados fundidos en
un beso o la pelea por el amor de aquella dama en aquella fría noche de mayo.
No
podía olvidarse tampoco de las tan repetidas aglutinaciones de gente
protestando por sus derechos, con pasacalles, tanto bullicio y gasto de energía
, que a veces, parecía hacerle desear arrancar
sus raíces de aquella base y alejarse…,
pero su destino era permanecer ahí, estática sin mas diversión que el observar
al mundo girar lentamente, que ver cambiar el matiz de las estaciones, que ver
evolucionar la era, mientras que ella, ¡solamente anhela que llegue la noche
para seguirse fascinando con la blancura
y brillo de la luna…, sus diferentes formas!, aquella luna que inspiraba en su alma de
estatua los mas bellos poemas que jamás podrán ser escuchados. Luna que
acompañaba en su estático movimiento, ¡el triste agonizar de un suspiro eterno!
Plaza de la libertad, Villarrica 5 de octubre
del 2011

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