La Real Academia de la Lengua Española define a la paz como “Situación y relación mutua de quienes no están en guerra” en ese sentido se aborda la paz partiendo de la guerra, es decir, afirmamos en esta definición la no existencia de la paz, si no la simple ausencia de guerras. En este hilo de ideas personalmente prefiero la definición propuesta por Martin Luther King “la verdadera paz no es simplemente la ausencia de tensión: es la presencia de justicia”
Paraguay vivió dos grandes guerras por el territorio, y varios levantamientos civiles en la búsqueda de una mayor igualdad social, y fueron estos acontecimientos los que turbaron la paz de mi pueblo.
Hoy mi pueblo es un pueblo de paz, considerando la primera definición esgrimida al principio de este ensayo, no enfrentamos guerras, y sin embargo la gente no vive en tranquilidad, por que justamente falta el segundo componente agregado por Luther King: La Justicia. Sin embargo aún en la definición que el hiciere, justamente mientras estaba en prisión, volvemos a negar la existencia de la paz, porque la condicionamos a la presencia u ausencia de un valor como la justicia.
Entonces, la paz en un sentido más amplio sería la ausencia de guerras y la presencia de justicia, pero es eso todo, ¿es todo aquello suficiente para lograr la paz?
En el I Ching, lo opuesto a la paz es el estancamiento, es decir, es un proceso que debe seguirse, y es algo que innegablemente es real, pero volvemos a la premisa fundamental, ¿Qué es realmente la paz? ¿Hemos logrado alguna vez la paz? ¿Somos capaces o seremos capaces de reconocer la paz cuando la encontremos? Los nativos de mis tierras buscaban infranqueablemente el Yvy Marane`y, es decir la tierra sin mal, podría ser aquella tierra la tierra de la paz, podría ser aquella la búsqueda que hoy día seguimos haciendo. ¿Hemos avanzado? Que hemos hecho realmente en el mundo para lograr la verdadera paz.
Tuve la suerte tremenda de crecer rodeado de la paz o por lo menos aquello a lo que llamo yo paz, mi familia se asentó en la cima de una colina de un pueblito pequeño, olvidado por el mundo, en aquel entonces, pero lleno de naturaleza. Nací en aquel marzo del 92 en medio de las precariedades del hospital regional de Villarrica mediante una cesárea. Tres años antes de aquel corte en el vientre de mi madre, durante la Noche de la Candelaria había comenzado la transición hacia la democracia, la gente, aún tenía el miedo de opinar, de cuestionar e incluso de hacerse notar, y en medio de aquellos vaivenes políticos comenzó mi aventura por el mundo.
Mi padre dejo de fumar cuando yo tenía cuatro años, y justo en ese fragmento de mi historia, la liberación femenina se hacía llegar con sendas capacitaciones sobre los derechos de la mujer.
Sentado sobre los pies de mi madre, vi evolucionar el autoestima de las mujeres de mi tierra y vi, poco a poco, como la violencia, la desigualdad eran desplazadas poco a poco. El trabajo con los comités de mujeres y el apoyo a los productores permitió la inminente reducción de los robos y la delincuencia, por fín, la gente comenzó a dormir con las puertas y ventanas abiertas.
El miedo al los tiempos de crisis desapareció y la confianza se asentó sobre aquella comunidad. Fue el tiempo de la paz.
Paso el tiempo, la democracia se volvió una simple realidad ficticia donde unos pocos se benefician y unos muchos son sumidos en la pobreza. Las cárceles de mi tierra están colmadas de mano de obra que debería estar produciendo, , las cooperativas y comités fueron a la quiebra excepto algunas que funcionan a pesar de los pesares. La paz de mi tierra se esfumo por los secuestros y asesinatos pero principalmente por la corrupción imperante. Todo se ha vuelto un negocio, donde el canje es el voto de la gente, incluso la salud y la educación, me siento triste por ello, pero sigo soñando con reconstruir la paz que le fue robada a mi pueblo, una paz que no es la ausencia o presencia de nada, una paz que simplemente es paz.
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