Hablamos tanto de la paz en el mundo, que se ha convertido en un simple ideal, un estado al cual no podemos ascender, una realidad ficticia a la que no podemos llegar. Desde pequeño soy partidario de que son los pequeños cambios los que hacen la gran diferencia en el mundo, pero ¿podemos hablar de pequeños cambios cuando mis ojos ven que los países se matan entre ellos por diferencias de religión o de posturas ante un sistema de gobierno?. Nos llenamos la boca hablando de paz en el mundo, cuando no podemos soportar la diversidad de colores en piel, ojos y cabellos y no sabemos respetar la decisión y forma de vida de cada persona, hablamos de paz, pero no hablamos de respeto hacia la misma naturaleza que nos rodea, a respetar los tiempos para las cosas y entender que nada de lo que nos rodea es realmente nuestro, ya que al morir, simplemente hacemos eso, morir, mueren de la misma forma aquellos dueños de pozos de petróleo de Dubai, como los niños con hambre de Africa, mueren de la misma forma musulmanes, budistas, ateos y cristianos, negros y albinos. Pero osamos aún de hablar de paz en el mundo cuando no somos capaces de respetar la vida misma en su mínima expresión.
La construcción de una cultura de la Paz empieza por la educación a la que cada persona accede, seguimos hablando de la paz cuando mi madre a los 50 años por fín pudo acceder a la educación secundaria, realidad que para muchas mujeres en el mundo, es tan solo un sueño que probablemente no se va a cumplir. La Paz se construye también cuando cada persona disfruta de sus derechos y cumple sus obligaciones, pero sin embargo cientos de nativos de mi tierra han sido despojados de su patrimonio ancestral y vagan por los semáforos metidos en la denigrante tarea de juntar monedas de los transeúntes para poder vivir. La Paz está en cada niño protegido por su familia, pero Carlitos sigue vagando por las calles sin que nadie lo cuide.
En mi familia creemos firmemente en la Paz como una forma de vida, en casa tratamos de dialogar, de respetar y entender las razones de los demás antes de juzgar, mis padres tienen dos hijos biológicos, pero tenemos incontables hermanos del corazón que compartieron con nosotros nuestro hogar. Creemos firmemente que la educación puede cambiar realidades, porque lo hemos visto con nuestros ojos, pero sin embargo también entendemos que María no puede concentrarse en la escuela si tiene hambre.
Duele desnudar las realidades de mi país, un país donde Juana sufre su primer parto sin asistencia por que los caminos no le permiten salir a un puesto asistencial, donde Fernando no sabe si su sexo es masculino o femenino y donde José depende de la tinta sobre su dedo para poder firmar.
He luchado por que la educación en la universidad pública no sea un negocio de los directivos, hemos salido a las calles, y contradictoriamente con este llamado a la paz, fui acusado de guerrillero por querer que los presupuestos sean destinados a donde corresponden y no a los bolsillos de unos cuantos, y ahí estuvo también conmigo mi familia, mi papá y mi mamá a mi lado recibiendo estirones y cachiporrazos de la policía, ¿por qué? Por tener pruebas de los sistemáticos robos que se daban a la educación superior, por querer apuntalar el desarrollo, por no entrar en ese mundo terrible que es la corrupción, en la que mi país ocupa los primeros lugares. Y cómo puedo hoy hablarles de la paz, si para el sistema soy un terrorista, no sé, y aún asi, levanto la voz por aquellos a los que no se les escucha, por aquellos que no leen, por los que no pueden defenderse porque ni siquiera ellos entienden lo que ocurre, por los que votan pero no eligen durante las elecciones, aquellos a los que sus derechos les fueron arrebatados, para ellos quiero un mundo de paz, Una paz construida en base a la igualdad social, la justicia y el respeto por la vida. Ese mundo, será el mundo de la Paz
En mi familia creemos firmemente en la Paz como una forma de vida, en casa tratamos de dialogar, de respetar y entender las razones de los demás antes de juzgar, mis padres tienen dos hijos biológicos, pero tenemos incontables hermanos del corazón que compartieron con nosotros nuestro hogar. Creemos firmemente que la educación puede cambiar realidades, porque lo hemos visto con nuestros ojos, pero sin embargo también entendemos que María no puede concentrarse en la escuela si tiene hambre.
Duele desnudar las realidades de mi país, un país donde Juana sufre su primer parto sin asistencia por que los caminos no le permiten salir a un puesto asistencial, donde Fernando no sabe si su sexo es masculino o femenino y donde José depende de la tinta sobre su dedo para poder firmar.
He luchado por que la educación en la universidad pública no sea un negocio de los directivos, hemos salido a las calles, y contradictoriamente con este llamado a la paz, fui acusado de guerrillero por querer que los presupuestos sean destinados a donde corresponden y no a los bolsillos de unos cuantos, y ahí estuvo también conmigo mi familia, mi papá y mi mamá a mi lado recibiendo estirones y cachiporrazos de la policía, ¿por qué? Por tener pruebas de los sistemáticos robos que se daban a la educación superior, por querer apuntalar el desarrollo, por no entrar en ese mundo terrible que es la corrupción, en la que mi país ocupa los primeros lugares. Y cómo puedo hoy hablarles de la paz, si para el sistema soy un terrorista, no sé, y aún asi, levanto la voz por aquellos a los que no se les escucha, por aquellos que no leen, por los que no pueden defenderse porque ni siquiera ellos entienden lo que ocurre, por los que votan pero no eligen durante las elecciones, aquellos a los que sus derechos les fueron arrebatados, para ellos quiero un mundo de paz, Una paz construida en base a la igualdad social, la justicia y el respeto por la vida. Ese mundo, será el mundo de la Paz
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